La mujer tiene una sensibilidad especial que no la tiene el hombre

Mostrando Sara.jpgUna incansable trabajadora que ayuda a adictos y a todo aquel que tiene una necesidad. Sufrió la muerte de su joven esposo y el secuestro y desaparición de su hermano. Con alegría le canta a la vida todos los días".
Por Andrea Perino
Sara Mansilla (foto) nació en la costa del Río Dulce, hija de Silveria Enrique y Cecilio Girau. Su familia estaba integrada por sus padres y 9 hermanos. Su preocupación por el bienestar social y la igualdad de oportunidades fueron motivo de lucha y trabajo en su vida. "Las ganas de hacer algo por los demás no se me quitaron todavía" reflexiona hoy a sus 71 años.
Sara tuvo una infancia muy linda. Se crió en el seno de una familia de nueve hermanos, los más grandes frutos del primer matrimonio de su madre: Silveria Enrique, y los siete restantes hijos de su madre con Cecilio Girau. Su padre jamás le puso una mano arriba y difícilmente recuerda alguna vez haberlo escuchado protestar o discutir con su madre. 
La familia vivía en la costa del Río Dulce y luego se trasladaron a Suardi para asistir a la escuela. En aquella época los hombres eran los que tenían que ir a la escuela, a las mujeres no se obligaba a asistir. Sin embargo su padre consideraba que la mujer tenía tanto derecho de ir a la escuela como el hombre, compró una casita en Suardi y su hermana mayor se hizo cargo de todos los hermanos, quedando sus padres en el bajo.
Su padre traía niños para estudiar a Suardi, convencido de la importancia de la educación. Su  madre era una persona muy recta y muy trabajadora. Cuando llegaba fin de año volvían a la costa con sus padres, y al comienzo escolar siempre llegaban tarde ya que se trasladaban en jardinera y les tomaba varias horas llegar al pueblo.
   Le gustaba leer y rezar mucho durante su niñez. A sus diez años ya sabía el rosario de memoria. Sara además escribe poesías y pensamientos. Actualmente asiste a un curso de Literatura que se dicta en la Biblioteca Popular Domingo Faustino Sarmiento, cuya profesora es Elvis Gilardi de Brinkman. 
Su primer trabajo fue en la casa del Dr. Fernández, primero atendía la puerta y luego comenzó a asistir los partos como enfermera.
Quedó viuda muy joven,  a los ocho años de casada, su marido fallece en un accidente laboral cuando se estaba levantando la fábrica Sancor. Sus hijos eran pequeños, Javier tenía 7 años y Mariela 5. Fueron tiempos difíciles ya que ella estaba sin trabajo, sin plata, porque durante su matrimonio era ama de casa. "Salí adelante porque puse toda la fe en Dios y tuve la suerte de tener una familia increíble" expresó Sara.   
Luego conoce a Margarita Franco y comienza a trabajar como ayudanta en la Escuela Bartolomé Mitre Nº 559, pero enseguida pensó en conseguir otro trabajo porque el sueldo no era suficiente para mantener a su familia, "a mí me habían enseñado a valerme por mí misma".
Nuchi Burrone, peluquera, ofrecía la Peluquería con la enseñanza, entonces Sara aprovecha esta oportunidad. Trabajaba en la escuela y por la tarde en la peluquería. Su marido falleció un 5 de Enero, para setiembre de ese mismo año ya tenía su peluquería y ya la habían buscado, desde la escuela como portera y no como ayudante. Su madre la ayudaba con los niños hasta que se enferma, producto de lo que había pasado con Ramón Girau, su hermano desaparecido durante la Dictadura Cívico- Militar. 
"La ausencia de mi hermano trajo mucho dolor a la familia, hubo mucho silencio también". Se contactaban con Ramón por telegrama, él le mandaba por ejemplo «feliz cumpleaños» y ella sabía que era de él y el lugar donde estaba, porque podía ser Rosario o Santa Fe. Cartas no podían escribir porque llegaban abiertas, entonces con lo único que no lo detectaban era con los telegramas porque no firmaba con su nombre sino con el de algún pariente, hasta que fue secuestrado y desaparecido por la dictadura.
Trabajó de portera treinta y dos años, de forma paralela con su trabajo de peluquera. Sara agregó: "Nunca me sentí sóla siempre me apoyé en Dios y la Virgen María. A veces veo gente que atraviesa muchas situaciones difíciles y se ven tan perdidos, pero les falta creer en Dios porque Dios no nos va a poner en el camino cosas que no sepamos sobrellevar, soy una agradecida a Dios y me considero una persona alegre que le canta a la vida todos los días".
   Siempre estuvo en la iglesia. Comenzó en el grupo de los Carismáticos en sus inicios. Estuvo nueve años en Cáritas, en los primeros años hacían el pan con la gente del Barrio San Miguel, con su  hermano Ramón Girau. En ese momento Ramón era secretario en la comuna, durante el mandato de Jorge Marengo. La gente del barrio sufría mucha discriminación y lo que más le preocupaba era la gente de la iglesia que hablaba de manera despectiva y pensaba que no entendían nada del amor de Dios, porque si lo entendieran jamás lastimarían a un hermano por el color o la situación económica que tenía. Todas esas cosas las veía desde muy pequeña por eso sentía que la gracia de Dios estaba en su vida.
Estuvo 9 años en Cáritas como directora, logró levantar su casa en el barrio San Miguel y la gente iba allí hacer todo lo que necesitaba. Atravesaron una época de cambio en Cáritas donde se dejó de dar a la gente para pasar a dictar talleres en donde trabajen para tener sus cosas. Dieron inicio los talleres de costura, cocina, danza para niños y tejido. 
Tuvo una experiencia muy fuerte con tres adolescentes que vivían en el basural, adictos a las drogas. Trabajando en Cáritas trataron de ayudarlos a salir de las drogas. Albergó  en su casa a uno de ellos. Gareca, uno de los tres jóvenes logra rehabilitarse pero muere al poco tiempo en un accidente. Fue un dolor grande para Sara la pérdida de Gareca. 
Consultada sobre como vela sociedad actual añade: "Vivimos en una sociedad donde muchos adolescentes no tienen motivaciones y esto tiene que ver con la familia, los padres pasan mucho tiempo trabajando y los chicos quedan solos. A los adultos les interesa el éxito laboral, éxito en todo, la búsqueda del tener. Por ahí los padres lo hacen sin darse cuenta, esto no pasaba en mi época cuando las madres nos quedábamos trabajando en la casa sabíamos cuales eran las compañías de nuestros hijos, adonde iban, a qué hora llegaban y guarda con que los chicos vengan con una queja de la escuela. Ahora por ahí las madres se van a quejar a la escuela".
"Ser mujer es una gracia de Dios, la mujer tiene una sensibilidad especial que no la tiene el hombre, , la mujer la creó Dios y es más abierta para dar cariño, un abrazo, un beso, un decir te quiero".
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